Zen, el nihilismo contestatario.

Sin duda, el Budhahridaya siempre fue la mejor doctrina del budismo, y ante todo desde la escuela Mahayana (defección tras la marcha de los circunscritos al Hinayana, en su día, ambas eran una dualidad académica enmarcada en el Satori), cuyos valores estipulan la percepción de un reducido sectario procede el inexorable nihilismo que le representa, "creer en la nada, o el Koan".

De ahí parte el zen un paralelismo del Dhyana, con un significado remoto accesible solamente al público selecto, con ímpetu y valor de evidencia laudable.


No obstante el Zen es vilipendiado por parte de los ortodoxos y neófitos al régimen pionero (escuela de Hinayana) tan sólo por el hecho de que "ello" no se puede conseguir en un objeto de identificación lógica bajo la percepción lingüística humana por su meditación alejada del canon, y no estaría mal reseñar, su fundación foránea al origen; Goroku y Yû-lu (sincretismo Japones y Chino), bajo el totem de Yeno (Huí Heng).

Él mismo afirmaba su potestad irascible en descontento con los prójimos "La verdadera sabiduría Bohdi, es como un árbol, en ninguna parte resplandece el brillo del espejo, como nada existe desde el principio. ¿donde debería acumularse el polvo?".

No obstante;

El sufismo siempre fue desdeñado, distante a la sombra del Budismo, invariablemente en un subsidio remozado que hace del Nepal y Nueva Delhi, la premisa perfecta para una íntegra espiritualidad introspectiva según las consciencias del nuevo orden contracultural.


Sin duda, y como bien dice mi gran amigo Guajo, "el Budismo es famoso y sobrevalorado gracias a la corriente hippie".

En mi más opinión subjetiva y personal, el sufismo agrega y complementa la estadía al unísono de una funcionalidad espiritual eficiente y plausible, distada pero no rehusada en valores mutuos. Pero eso da para otra reflexión que no tardará mucho en publicarse...


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